30 Jul 2014
30, 2014

Osos y enfermedades

En apenas cinco días del mes de junio de 2014 recibimos la desagradable noticia de la aparición de dos osos cantábricos muertos: un macho joven encontrado el martes 10 en un prado del concejo asturiano de Quirós, y un macho adulto localizado el domingo 15 junto a un arroyo en el municipio leonés de Villablino. Después de las correspondientes investigaciones sobre el terreno por parte de los agentes y técnicos de las comunidades autónomas de Asturias y Castilla y León y la Guardia Civil, ambos animales fueron remitidos a la Universidad de León para la realización de sendas necropsias y la determinación de la causa de la muerte. En el caso del oso de Villablino, y considerando su aparición junto a un curso de agua y su aparente buen estado, sin indicios externos de la causa de la muerte, las patrullas de la Fundación Oso Pardo (FOP) y agentes de la Guardia Civil con perros adiestrados realizaron en los días posteriores rastreos por la zona en busca de otros posibles cadáveres o restos de un posible envenenamiento. Afortunadamente no se localizó ningún indicio de veneno.

Las necropsias y los estudios toxicológicos y microbiológicos realizados por el Departamento de Sanidad Animal de la Universidad de León y la Unidad de Toxicología de la Universidad de Extremadura han sido concluyentes respecto a las causas de la muerte de ambos osos. En el caso del macho joven de Quirós, murió por una miositis gangrenosa provocada por las bacterias Clostridium sordelli y Clostridium septicum, favorecida posiblemente por un estado de gran debilidad y diversos traumatismos de origen desconocido, compatibles en principio con el ataque de otro animal. En cuanto al macho adulto de Villablino, murió por una hepatitis vírica aguda provocada por Adenovirus canino tipo 1 (CAV1).

No hay ningún indicio de posibles disparos ni rastros de tóxicos o venenos, por lo que se ha descartado una intervención humana directa en la muerte de ambos osos.

La bacteria C. sordelli ya ha sido relacionada con la muerte reciente de otro oso, que apareció atrapado en un lazo en Cangas de Narcea (Asturias) en 2012 y murió durante su rescate. Aunque se trata de microorganismos ampliamente distribuidos y presentes en muchas especies animales, es llamativa su responsabilidad en la muerte de dos osos, aunque en ambos casos favorecido por lesiones previas. Por otra parte, la hepatitis producida por adenovirus canino tipo 1 (CAV1), detectada por primera vez en osos cantábricos, es una enfermedad propia de cánidos como perros, lobos o zorros, que también afecta a otras especies, incluyendo algunos casos conocidos en osos de Europa y América. De hecho, la presencia de anticuerpos a esta enfermedad es habitual en muchas poblaciones de perros y de cánidos silvestres, pero también se ha detectado, por ejemplo, en el 22% de los osos pardos muestreados en la población de los Apeninos italianos.

Aunque estos dos procesos han acabado con la muerte de dos osos, no parece en principio que se trate de problemas graves desde el punto de vista sanitario para la población osera. Pero sin duda, esta coincidencia en el tiempo de dos osos muertos por enfermedades agudas debe provocar una oportuna reflexión acerca del riesgo sanitario en la población de oso pardo cantábrico. Existe un buen número de enfermedades en el medio o en las especies silvestres que pueden afectar a los osos pardos; por ejemplo, la enfermedad de Aujezsky, presente en las poblaciones de jabalíes cantábricos, podría alcanzar con facilidad a un oso que se alimentara de una carroña, llegando a provocar su muerte. Mucho más preocupante sería incluso la aparición de osos con moquillo, una de las enfermedades más graves y con peores consecuencias tanto en perros como en carnívoros silvestres, y cuya presencia ya ha sido diagnosticada en osos pardos de América y Europa en alguna ocasión. Los dos núcleos oseros cantábricos están incrementando su número, pero son aún pequeños para garantizar su conservación a largo plazo. Desconocemos si su reducida variabilidad genética, que se encuentra entre las más bajas descritas en poblaciones de oso, puede provocar además un déficit inmunitario que los haga especialmente sensibles a alguna enfermedad. En este contexto, parece necesario hacer algo.

En general es difícil prevenir estas enfermedades en la fauna silvestre, más allá de garantizar una adecuada situación sanitaria y una rápida actuación ante la aparición de brotes graves en los animales domésticos, pero el conocimiento de la situación sanitaria de nuestros osos y otros carnívoros salvajes puede ser sin duda un buen punto de partida. Probablemente no sea factible plantear un programa de muestreo sanitario específico en osos, aunque algunos trabajos sí se han desarrollado ya en lobos, zorros y otros carnívoros: en todo caso, parece aconsejable unificar unos criterios técnicos y veterinarios de forma que cualquier muestra de oso pardo disponible en el futuro (animales muertos o heridos, crías huérfanas o cualquier ejemplar que deba ser manejado) sea objeto de una completa batería de análisis que permitan evaluar la presencia de agentes infecciosos o anticuerpos en sangre, y avanzar así en el conocimiento de las enfermedades de los osos cantábricos. En unos años, este seguimiento sanitario pasivo puede aportar una información muy valiosa, sobre todo si se pone en contexto con análisis similares en otras poblaciones oseras o en otros carnívoros. La buena comunicación entre responsables de la conservación del oso pardo y de la sanidad animal en las comunidades autónomas cantábricas también parece importante para actuar con rapidez ante brotes preocupantes de enfermedades como el moquillo en perros u otros problemas sanitarios en animales domésticos. Del mismo modo, los correspondientes protocolos de manejo y tratamiento veterinario de los osos que sean capturados o recogidos para su recuperación y posterior liberación en la naturaleza deberían tener en cuenta la existencia de estas patologías y los problemas que pueden suponer para el manejo de los osos.

Aunque por el momento no existe alarma en cuanto al estado sanitario de la población de oso pardo cantábrico, la vigilancia, el conocimiento científico y la coordinación entre todos los implicados en la conservación de esta especie son, sin duda, las mejores herramientas para anticiparse a posibles problemas futuros.