29 Dic 2016
29, 2016

Osos habituados y conflictivos

A finales de agosto de 2014, los habitantes del pueblo de Castro (Somiedo, Asturias) se topaban cada día con un oso joven encaramado al tejado de una casa para comer manzanas de los árboles inmediatos o en las dos higueras del pueblo para comer los higos que ya nadie recogía. El acontecimiento atrajo a numerosos veraneantes de Somiedo, que acudían a ver y fotografiar al oso manso. El joven se estaba acostumbrando a la presencia humana y la afluencia de gente que le fotografiaba a pocos metros reforzaba su habituación. Aunque muchos veraneantes estaban encantados, cada día crecía la alarma entre los habitantes del pueblo, que preferían ver a los osos lejos de sus casas. Finalmente, miembros de la Patrulla Oso del Principado de Asturias y de la Fundación Oso Pardo (FOP) consiguieron espantar al oso, interviniendo con gritos, voces fuertes y petardos, cada vez que aparecía por el pueblo para hacerle volver al monte. El oso de Castro no ha vuelto a aparecer por allí, pero en varios pueblos de la Cordillera los osos se asoman con cierta frecuencia a comer cerezas y otros frutos, asaltan las colmenas o se pasean por delante de la gente.

La presencia de algunos osos en las proximidades de la gente y de los pueblos no es excepcional y ocurre esporádicamente en casi todas las poblaciones europeas. En la Cordillera, se están produciendo cambios positivos que favorecen la proximidad de osos y personas. Por una parte, las poblaciones osunas se están recuperando, y por otra, las actividades de naturaleza son cada vez más populares. Muchos rincones que hasta hace poco apenas eran hollados por el hombre soportan en la actualidad el trasiego de naturalistas y deportistas. El oso y el hombre siempre han vivido muy cerca en la Cordillera, pero ahora esta proximidad es aún más estrecha. Para evitar problemas, desde la FOP llevamos mucho tiempo proponiendo que se apruebe un protocolo para tratar con osos habituados y conflictivos. En nuestro Boletín de diciembre de 2015 insistíamos en que era uno de los deberes urgentes sin hacer en la Cordillera Cantábrica. Los directores generales de las comunidades con osos cantábricos han recogido la propuesta y se han comprometido en público a aprobar próximamente un protocolo.

En este sentido, las actividades de disuasión que se usaron con el oso joven de Castro fueron eficaces pero improvisadas. Una intervención de este tipo tiene que ser realizada por funcionarios bien equipados y entrenados, y con la cobertura de un sólido protocolo, ya que hay responsabilidades en lo concerniente a la seguridad de las personas y del propio equipo interviniente. Lo que se trata de consolidar con el protocolo demandado es que estas acciones comiencen a realizarse de forma regulada, de acuerdo con los principios científicos y con la experiencia contrastada en otros países. El objetivo es evitar la improvisación y adelantarse a los problemas antes de que se produzcan.

El protocolo para actuar con osos problemáticos y habituados debería definir los comportamientos que son o pueden llegar a ser peligrosos o conflictivos, las circunstancias que suelen propiciarlos y el tratamiento que se debe aplicar. A veces se ha censurado a la FOP por crear alarma injustificada al promover tales medidas, pero la crítica que realmente merecemos es la de ser poco originales. Estos protocolos de actuación y los equipos de emergencia para la intervención rápida cuando aparecen osos conflictivos existen en casi todos los países occidentales.

También se escucha a menudo que los osos cantábricos están perdiendo el respeto al hombre. Lo cierto es muchos osos se acercan a los humanos tratando de evitar a otros osos. Los especialistas suelen afirmar que los osos jóvenes temen al hombre, pero aún temen más a los osos adultos. Por tal motivo, cuando la densidad de osos aumenta, algunos jóvenes e incluso ciertas hembras con cachorros que huyen de los machos infanticidas tienden a usar escudos humanos, acercándose a zonas habitadas que los machos adultos –mucho más esquivos- tratan de sortear.

Los osos habituados al hombre aparecen en todos los lugares del mundo; son más raros en poblaciones muy pequeñas y donde los plantígrados son cazados o perseguidos ilegalmente. Por fortuna, en la Cordillera Cantábrica la observación de osos ha sustituido a la caza, lo que aumenta las oportunidades de habituación de los plantígrados.

Hay que resaltar que los osos habituados no tienen por qué ser más peligroso que los osos esquivos. De hecho, al temer menos al hombre no muestran tendencia a atacar en un encuentro súbito, por lo que pueden resultar incluso menos agresivos. Pero lo cierto es que los osos merodeando por los pueblos alarman a sus habitantes, creando ya un problema con su mera presencia. Además, cuando un oso está habituado se multiplican los encuentros con humanos, lo que aumenta la probabilidad de conflicto. Los osos habituados constituyen también un peligro para sí mismos, pues las probabilidades de que sean abatidos ilegalmente se multiplican.

En cualquier caso, existe un punto en el que coinciden todos los especialistas: debemos evitar que los osos se acostumbren a encontrar alimento fácil y predecible en entornos humanos, ya que una vez adquirido este hábito es muy difícil de eliminar. Los osos adictos a comer en los pueblos, en los contenedores de basura o en las zonas de acampada acaban aterrorizando o hiriendo a alguna persona, y finalmente son abatidos por las autoridades. En los parques nacionales americanos son frecuentes los carteles advirtiendo “a fed bear is a dead bear”.

El protocolo para detectar y tratar con osos habituados y conflictivos pretende prevenir estos problemas. Si somos más eficaces detectando y corrigiendo las situaciones de riesgo, los osos estarán más seguros, tendrán más apoyo de la sociedad y los habitantes de la Cordillera Cantábrica y los Pirineos dormirán más tranquilos.