Rescate y suelta de Lara

La mañana del jueves 7 de abril de 2011, Elías Suárez, vigilante de la Fundación Oso Pardo (FOP) adscrito a la Patrulla Oso Alto Narcea, localizó a un joven ejemplar de oso herido que se desplazaba con dificultad. El avistamiento tenía lugar en el entorno del puerto de Rañadoiro, en pleno Parque Natural de las Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias (Asturias). El oso se tumbó entre matorrales y, mientras Elías no lo perdía de vista, se dio aviso a la Dirección General de Biodiversidad y Paisaje que coordinó un operativo de rescate en el que participaron, además de distintos miembros de la FOP, personal de la citada Dirección General – guardas, técnicos y veterinarios -, del CSIC,  de Biogestión, del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC) y agentes del Seprona. El animal, que resultó ser una hembra de aproximadamente 16 meses de edad, se encontraba muy debilitado y con feas heridas bien visibles. Una vez que los equipos veterinarios llegaron al terreno se procedió a su captura mediante cerbatana de dardo anestésico, realizándose una primera exploración en la que se comprobó, según el informe veterinario, que presentaba estado de shock cardiovascular y orgánico severo, con deshidratación severa y estado confundido. También presentaba heridas penetrantes en región inguinal, lumbar y grupal, con desgarros musculares severos y posible fractura a nivel de cadera  izquierda. Las heridas fueron producidas por otro animal, y todo apunta a que el causante había sido un oso adulto. En síntesis, su estado general era francamente muy malo.

Juan Carlos del Campo, jefe del Servicio de Vida Sivestre, coordinó la acción sobre el terreno, y los veterinarios Jaime Marcos y Oscar Rodríguez le practicaron una cura de urgencia consistente en la limpieza de las heridas, medicación para combatir la infección y el shock, e hidratación de urgencia subcutánea. Posteriormente se la trasladó al hospital veterinario ‘Javier Ruiz’ en Oviedo, donde se comprobó que tenía  fractura de isquion izquierdo con estado severo de shock, siendo el pronóstico veterinario de “muy grave”.

La osezna, que fue bautizada como ‘Lara’ por el pueblo de Larón, en cuyas inmediaciones fue localizada, quedó ingresada en el hospital hasta el día 9 de abril. Luego fue trasladada por carretera al Centro de recuperación de la fauna silvestre que la Administración asturiana tiene en el concejo de Sobrescobio, donde permaneció aislada con el menor contacto posible con veterinarios y cuidadores.

Afortunadamente, ‘Lara’ se recuperó: el buen trabajo de los veterinarios y la fortaleza propia de estos animales contribuyó a ello

La administración asturiana, siguiendo el mismo procedimiento utilizado con la osezna Villarina en el año 2008 -y cuya reintegración fue un éxito-, convocó a técnicos y especialistas para establecer el protocolo para su devolución a la naturaleza. Finalmente, el pasado 19 de agosto la osa fue reintegrada al medio natural en una zona cercana donde fue encontrada, en el Parque Natural de Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias. En el operativo, coordinado desde la Dirección General de Recursos Naturales, participaron su máximo representante, Óscar Rodríguez,  técnicos y guardas del medio natural de Asturias, y técnicos y vigilantes de la FOP.

La colocación en el cuerpo de la osa de un crotal, un equipo radioemisor adherido al pelo y un collar con dispositivo GPS está permitiendo su seguimiento continuo, en el que participan la guardería del medio natural del Principado y tres vigilantes de la FOP bajo la coordinación del Principado de Asturias. Hasta el momento, los datos recogidos indican un comportamiento normal del animal.

En torno a la suelta de Lara

La operación de rescate constituyó un gran éxito desde el punto de vista veterinario, pero la liberación de la osa en su lugar de origen ha constituido también un sonoro fracaso de gestión. Desde el momento de su captura, la mayoría de los especialistas consideramos que Lara debería haber sido liberada en la subpoblación oriental. La disponibilidad de una osa joven de la subpoblación occidental, no habituada al hombre, constituía una oportunidad providencial para realizar el reforzamiento demográfico y genético que esta subpoblación necesita para salir adelante. Asimismo, tal translocación supondría un enorme impulso para la conexión de ambas subpoblaciones, lo que constituye un objetivo esencial de la Estrategia Nacional de Conservación del Oso y de los Planes de Recuperación de todas las comunidades autónomas cantábricas.Los antecedentes sobre la situación del oso en la Cordillera Cantábrica y la necesidad de reforzar el núcleo oriental con hembras procedentes del occidental son bien conocidos y los hemos resumido en los números 281 y 301 de la revista Quercus (años 2009 y 2011). Allí describimos los argumentos que respaldan la translocación de osas desde el occidente al oriente de la Cordillera Cantábrica.La población de osos de la Cordillera está dividida en dos subpoblaciones, la occidental y la oriental, separadas genéticamente, con baja diversidad genética, altas tasas de endogamia, alelos únicos y diferencias genéticas acusadas. Los problemas genéticos y demográficos son mucho más destacados en la pequeña subpoblación oriental. Por todo ello, la conexión de ambos núcleos se considera un objetivo prioritario en todos los documentos técnicos sobre la conservación del oso en la Cordillera Cantábrica.La situación del oso cantábrico está mejorando. En los últimos 20 años, la subpoblación occidental se ha recuperado notablemente, pasando de 3 osas con crías en 1994 a al menos 28 en 2012. Además, ha aumentado la presencia de osos en el corredor interpoblacional, se ha constatado el intercambio de machos entre las dos subpoblaciones y un caso de reproducción mixta entre una osa de la subpoblación oriental y un macho de la occidental. Por el contrario, la subpoblación oriental sigue estancada en un número muy bajo (tres osas con crías al año), a pesar de que hay hábitat de calidad suficiente para albergar una población mayor. La filopatría de las hembras (su resistencia a dispersarse) hace que la colonización natural de nuevas zonas pueda tardar décadas.Este desequilibrio demográfico y genético entre las dos subpoblaciones y la enorme extensión de hábitat adecuado en la zona oriental aconsejan la translocación de hembras desde la subpoblación occidental a la oriental. Sin embargo, tales translocaciones suelen ser caras y técnicamente complicadas, pues suelen exigir la captura de varios osos silvestres hasta encontrar el individuo adecuado. No es necesario insistir en que la captura de osos entraña cierto riesgo para los animales y es impopular para un sector amplio de la opinión pública.

Sin embargo, la existencia en cautividad de Lara, una hembra joven, no habituada al hombre, suponía la increíble oportunidad de efectuar la primera translocación sin necesidad de un complejo proyecto de captura y sin costes económicos, promoviendo el rescate genético y demográfico a la población oriental e impulsando la conexión entre ambas poblaciones. La juventud de Lara reducía enormemente las probabilidades de que intentara volver a su zona de origen (fenómeno conocido como homing).

Las ventajas geográficas de este parque natural eran también importantes. Redes se encuentra en el extremo occidental de la subpoblación oriental, mientras que las osas maduras se encuentran en la parte más oriental de dicha subpoblación.

La presencia de una osa en Redes podría servir para homogeneizar de alguna manera la distribución de las osas en la subpoblación oriental, que actualmente se concentran en la Montaña Palentina. Además, si se formara un núcleo reproductor en Redes, la distancia entre las osas maduras más próximas de ambas subpoblaciones se reduciría desde los 110 km actuales hasta 50 o 60 km, lo que sin duda facilitaría la conexión por parte de los machos de ambas subpoblaciones. Es cierto que liberar a la osa en un lugar desconocido entraña una desventaja. Pero en compensación, la baja densidad de osos que hay en Redes probablemente aliviaría la competencia intraespecífica que sufren los jóvenes osos en hábitats cercanos a la saturación, como ocurre con la zona de procedencia de Lara. En cualquier caso, si se produjera una ligera reducción de la probabilidad de supervivencia de Lara por el hecho de ser liberada en una zona desconocida, ésta quedaría ampliamente compensada por los beneficios que tendría su incorporación a la subpoblación oriental.Se planteaba también el efecto demográfico que la desaparición de Lara podría tener en su zona de origen.

En un medio donde hay una buena densidad de osos –como es el caso del Parque Natural de Las Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias -, la pérdida de una hembra en la población es demográficamente poco relevante, pues cuando la población crece por encima de cierto nivel, ésta se regula por medio de la competencia intraespecífica. En este sentido, en Escandinavia se ha demostrado que las hembras filopátricas sexualmente maduras, sobre todo las más jóvenes, pueden no tener crías porque la presencia de otros individuos suprime la reproducción. La probabilidad de que una hembra tenga oseznos en un año determinado diminuye si hay otras hembras con cachorros a 10 km o menos ese mismo año. Esta supresión reproductiva está probablemente causada por la competencia por el recurso entre hembras que comparten el medio (Ordiz et al. 2007. Ecology 89: 3327-3325).

Pero, aunque una abrumadora mayoría de técnicos y especialistas abogaba por la liberación de Lara en Redes, las presiones de distinto tipo obligaron a una administración recién llegada a soltarla finalmente en la subpoblación occidental.

En resumen, la liberación de Lara en la subpoblación occidental ha malogrado una oportunidad excepcional para promover el rescate genético y demográfico de la subpoblación oriental y de favorecer la conexión entre ambas subpoblaciones. Se trata en nuestra opinión de un error imperdonable, pues con esta translocación la recuperación del oso cantábrico podría haber dado un paso de gigante con un coste mínimo.

En cualquier caso, lo más positivo que podemos hacer en este momento es prepararnos por si en el futuro surge una oportunidad similar de translocar desde la subpoblación occidental a la oriental alguna hembra disponible por circunstancias imprevistas. Para ello, las Consejerías responsables del medio ambiente en la Cordillera Cantábrica deberían consensuar con los especialistas un protocolo de translocación que –además de las cuestiones técnicas más obvias- previera otros aspectos de orden político y social. Entre ellos se incluirían la posibilidad de compensar a los municipios de origen del oso y la necesidad de informar adecuadamente a los alcaldes de los municipios de destino de los ejemplares, las relaciones con la prensa, etc., etc. Preparar esta posibilidad para el futuro nos puede evitar otro chasco como el de Lara.