Reproducción

Los osos son animales promiscuos. Cada ejemplar intenta copular con el mayor número posible de individuos del sexo contrario en cada estación reproductora. El vínculo de pareja dura unos días, y los machos no colaboran en la cría. El celo tiene lugar en primavera y principios de verano, los partos se producen en enero en la osera, y los oseznos permanecen con su madre unos 16 ó 18 meses, por lo que las hembras —en el mejor de los casos— paren cada dos años.

Entre mediados de abril y finales de junio, los osos cortejan a las hembras con paciencia y tesón. Macho y hembra suelen pastar próximos y de vez en cuando, el macho se aproxima a la osa, que se aleja con una corta carrera. La escaramuza se repite con intervalos de tranquilidad, en los que ambos se alimentan o descansan. Más adelante, juguetean abrazándose y persiguiéndose y se mordisquean e intercambian caricias. Los machos se acercan a los cuartos traseros de las osas, olfateándolos para comprobar su receptividad, e intentan montarlas. Si las osas no están receptivas rechazan a los machos con mordiscos y manotazos, aunque más frecuentemente sentándose en el suelo y salvaguardando su sexo. En general, la hembra tiene el control del apareamiento.

Los miembros de la pareja permanecen juntos unos pocos días. Las osas tienen dos periodos de celo en cada estación reproductora, y cada uno de ellos dura entre uno y diez días. Cuando una hembra sale del estro pierde la atención del macho, que se marchará a buscar otras hembras receptivas. En la estación de celo las osas se mueven poco pero los machos realizan largos desplazamientos para buscar hembras. Las osas también son promiscuas y copulan con el mayor número posible de machos, al parecer como un mecanismo para evitar el futuro infanticidio de sus crías. Los resultados de estudios genéticos sobre paternidad muestran un alto porcentaje de camadas de paternidad múltiple.

En las hembras, la ovulación es inducida, es decir provocada por la cópula, lo que incrementa sus probabilidades de quedar preñadas. La implantación es diferida de forma que el óvulo fecundado flota libremente en el útero y no se implanta hasta el otoño. Solo entonces comienza la verdadera gestación, que dura unos dos meses. En plena hibernación y en la seguridad de la osera, la hembra pare de una a tres crías.