La conservación del oso

El principal problema de conservación de los osos cantábricos
es el escaso número de ejemplares y el hecho de que la población
esté dividida en dos núcleos casi completamente desconectados
desde hace 50 ó 100 años.

Las dos subpoblaciones tienen un tamaño muy pequeño, sobre todo la oriental, que probablemente no supera los 30 ejemplares. Además, sus niveles de diversidad genética están entre los más bajos de todas las poblaciones de oso pardo conocidas y las tasas de endogamia son elevadísimas. En tales circunstancias, la conservación del oso cantábrico debe centrarse sobre todo en tres objetivos: evitar las muertes causadas por el hombre, conservar el hábitat y trabajar para conectar ambos núcleos.

El caso de los osos pirenaicos presenta algunas diferencias. Los escasos ejemplares de los Pirineos proceden en su mayoría de dos reintroducciones recientes con osos pardos eslovenos, por lo que su condición genética no está aún deteriorada; no obstante, es necesario realizar más reintroducciones para conservar a medio plazo una población tan pequeña. Sin embargo, el apoyo social a estas operaciones de reforzamiento aún no es suficiente, por lo que la población pirenaica padece la hostilidad de un sector de la población, y sobre todo de los criadores de ganado ovino y de algunos colectivos de cazadores. Al igual que en la Cordillera Cantábrica, son objetivos de conservación evitar las muertes causadas por el hombre y conservar el hábitat.

El oso pardo es una especie de reproducción lenta, por lo que las poblaciones soportan mal la mortalidad no natural. Cuando esta mortalidad afecta a las hembras maduras, el impacto sobre estas pequeñas poblaciones puede ser tremendo. La mortalidad no natural de los osos cantábricos parece haberse reducido en los últimos años y ha sido la causa principal de la recuperación parcial de sus poblaciones desde mediados de la década de los 90; aun así, queda mucho por hacer, ya que una población tan pequeña de osos –sobre todo el núcleo oriental- no puede permitirse el lujo de perder ni siquiera unos pocos ejemplares. Lo mismo cabe decir de la pequeña población pirenaica.

Evitar la mortalidad no natural

En la Cordillera Cantábrica la mortalidad de origen humano suele tener tres causas, todas ellas ilegales: la muerte accidental en los lazos instalados por furtivos para matar los jabalíes que dañan los cultivos -solamente los equipos de la FOP han quitado ¡1.537 lazos! en veinte años-; la ingesta de cebos envenenados colocados casi siempre por ganaderos que pretenden deshacerse de los lobos, y que ha sido la causa de la muerte de al menos seis osos en esta década; o, más raramente, los disparos de furtivos delincuentes que se han cobrado la vida de dos ejemplares en los últimos años.

En los Pirineos, las sociedades de cazadores no han terminado de aceptar a los osos reintroducidos, y dos hembras –incluyendo a Cannelle, la última osa autóctona- han sido abatidas a tiros en cacerías de jabalí. Además, la presencia de grandes rebaños de ovino extensivo en los Pirineos hace que los conflictos entre osos y ganaderos sean mucho más graves que en la Cordillera Cantábrica.

Conservar el hábitat y favorecer la conectividad

Los osos necesitan extensos espacios poco modificados y cierta dosis de tranquilidad en sus hábitats. En las últimas décadas, la Unión Europea ha incluido la mayor parte de las zonas oseras en la Red Natura 2000. Sin embargo, el desarrollo ha multiplicado las pistas forestales y la presión turística en muchas zonas, sin olvidar la amenaza de autopistas y autovías y de nuevas estaciones de esquí que se planean dentro o en los alrededores del área de distribución del oso, que podrían limitar la conectividad dentro de la población.

De forma paralela a la conservación del hábitat, es necesario fomentar la conexión entre las dos subpoblaciones cantábricas para mejorar la situación genética de los osos –sobre todo, en el caso del núcleo oriental- y favorecer el intercambio demográfico. Ello se puede conseguir promoviendo el aumento de ejemplares en ambos núcleos, lo que facilitaría la dispersión; es preciso también recuperar el núcleo reproductor del parque regional de los Picos de Europa, que se perdió en la década de los 90, y que constituye un escalón esencial entre ambas subpoblaciones; y por último hay que preservar y mejorar el hábitat del corredor interpoblacional, la zona que se extiende por las dos vertientes de la Cordillera entre ambas subpoblaciones.

Recientemente, los estudios moleculares han mostrado que un macho procedente de la subpoblación occidental cantábrica ha tenido dos cachorros con una hembra de la oriental, lo que representa la primera prueba efectiva de conexión genética entre ambos núcleos. Estos datos son muy esperanzadores, pero aún estamos lejos de tener una comunicación genética y demográfica a gran escala entre las dos subpoblaciones de la Cordillera Cantábrica.

En la Cordillera Cantábrica, y sobre todo en los Pirineos, es importante mejorar la aceptación social del oso en el medio rural, reduciendo los conflictos entre osos y humanos y fomentando la imagen positiva del oso como elemento dinamizador de las áreas rurales, promocionando actividades turísticas sostenibles y la comercialización de productos artesanales, con el apoyo en la imagen del oso como símbolo y marca de calidad.