Desde que en 1996 se inició la suelta de osos eslovenos para recuperar la población de los Pirineos, el número no ha dejado de crecer, y en la actualidad al menos 35 osos se mueven por las dos vertientes del macizo montañoso. Pero prácticamente todos ellos se concentran en el Pirineo Central, en el Valle de Arán y el Parque Natural del Alto Pirineo (Lérida) y en los Departamentos franceses de Ariège y Haute Garonne, entrando algún individuo en los montes de Andorra y del Pirineo Oriental y del noreste de Huesca. Esta subpoblación prospera adecuadamente como reflejan los datos anuales de reproducción: cinco osas con siete oseznos en 2014 y tres con seis oseznos en 2015. Además, está previsto liberar este año un macho esloveno para mejorar la genética de esta subpoblación.

Por el contrario, el núcleo del Pirineo occidental –ubicado entre el noreste de Navarra, el noroeste de Huesca y el sur del Bearn francés- parece abocado a la extinción. Se trata de una verdadera tragedia, porque los valles del Roncal,  Ansó, Hecho y los bosques del Bearn francés en Aspe y Ossau han constituido el último reducto pirenaico del oso a lo largo del siglo XX. De hecho, en 1970 quedaban unos 25-30 osos en el Pirineo occidental y solo 6-9 en el central. Entre 1982 y 1984, la cifra se había reducido a 13-14 adultos en el Pirineo occidental y solo 4 en el central. Cuando a mediados de los años 90 se decidió reforzar la población pirenaica con osos eslovenos, se había previsto la suelta en la vertiente francesa del Pirineo occidental, donde sobrevivían una sola hembra y unos pocos machos autóctonos. Pero el conflicto social obligó a la administración francesa a cambiar el plan,  y los osos se reintrodujeron al final junto al Valle de Arán.  Mientras el núcleo central se consolidaba y prosperaba, los últimos supervivientes autóctonos recluidos en el sector occidental acabaron muriendo uno tras otro.

Y así llegamos al momento actual. En mayo de 2016, solo hay dos machos vagando por los bosques del Pirineo occidental, desconectados de la subpoblación principal del Pirineo Central: se trata de Neré y Cannellito.  El primero es un oso esloveno nacido en 1997 de Ziva (una de las dos osas eslovenas liberadas -ambas preñadas- en 1996), que se dispersó en 2002 desde el Valle de Arán al Pirineo occidental. Allí se apareó con la última osa autóctona, Cannelle, que diez meses antes de ser abatida por un cazador a finales de 2004 había parido a Cannellito, un macho de origen mixto que ahora tiene ya 12 años. En las circunstancias actuales, la viabilidad de esta subpoblación occidental es prácticamente nula, ya que es muy improbable que alguna de las hembras del núcleo central se disperse y se establezca en los territorios del viejo Neré (19 años) y de su hijo Cannellito.  Si no se toma ninguna medida, estos machos acabarán muriendo sin tener opción de reproducirse.

La única posibilidad de recuperar la subpoblación occidental es la introducción de hembras eslovenas. Las condiciones ecológicas son perfectas: los montes están bien conservados y se han hecho más salvajes en las últimas décadas. Pero habría que ver si las condiciones sociales han mejorado. Hay motivos que nos inducen a pensar que la animadversión hacia el oso se ha reducido en la zona occidental. La experiencia de Cataluña con los osos reintroducidos en las dos últimas décadas muestra que una adecuada protección al ganado puede reducir los daños casi a cero. En el Pirineo central, el rechazo inicial al plantígrado se ha ido desvaneciendo, y cada vez hay más sectores que ven en el oso un elemento importante del desarrollo rural.

Tales motivos nos inducen a ser moderadamente optimistas ante la perspectiva de un reforzamiento en el núcleo occidental. Convendría estudiar las posibilidades de conexión futura de las dos subpoblaciones pirenaicas y otros aspectos ecológicos. Pero, sobre todo, habría que preparar el terreno en el aspecto social, favoreciendo la mejor convivencia entre la ganadería extensiva de ovino, la apicultura y los osos, aportando información abundante y buscando el consenso con la población local. La experiencia acumulada en la Cordillera Cantábrica y en el Pirineo central será de gran utilidad, y el esfuerzo merecería sin duda la pena. Los magníficos bosques de Roncesvalles, Hecho y Ansó no podrán estar completos sin la presencia del oso.