
La Fundación Oso Pardo (FOP) ha mostrado su preocupación porque el veneno pueda ser la causa de la muerte de un oso pardo cuyos restos fueron encontrados en el mes de abril de este año en Cervera de Pisuerga (Palencia).
La FOP, al estar personada en el procedimiento judicial que investiga la muerte del oso mencionado, ha conocido un informe en el que se sostiene que el oso murió por ingestión de Aldicarb, un producto tóxico y prohibido desde hace varios años.
Dado que hubo un primer informe que no evidenciaba la presencia de veneno, la Junta de Castilla y León ha encargado un tercer análisis. Pero, con independencia de sus resultados, es evidente que el veneno es un problema en la Cordillera Cantábrica. Hay tres zonas, auténticos puntos negros (el entorno de los Picos de Europa, la Montaña Palentina, y los montes más occidentales de la Cordillera), donde se han producido más casos de envenenamiento que han afectado a muchas especies de nuestra fauna, y entre ellas al oso pardo. En los últimos once años han aparecido envenenados tres osos en la Montaña Palentina -cuatro si consideramos los resultados de este último informe- tres en Asturias y uno en Galicia.
El veneno no sólo afecta al oso pardo, sino que también pone en riesgo la pervivencia de otras especies amenazadas: desde el año 1990 hasta el 2008 han aparecido en España 40 quebrantahuesos muertos y 114 águilas imperiales, ambas especies en peligro de extinción.
El Aldicarb, al igual que el Carbofurano –otro de los productos más utilizado- son derivados de los carbamatos, insecticidas de los que hay en el mercado hasta 60 nombres comerciales. Los carbamatos usados como plaguicidas de manera habitual y se han convertido en los venenos más frecuentes en la Cordillera, a pesar de que la legislación vigente restringe su comercialización y regula de forma estricta su aplicación al estar incluidos en la categoría de “Muy Tóxicos”. En algunos casos, incluso los prohíbe: así, el uso de Aldicarb ha sido prohibido por la Comisión Europea desde septiembre de 2004; en el caso del Carbofurano, están prohibidos desde el año 2007 todos los productos que lo contengan.
Estos insecticidas pueden fulminar a un oso adulto si la concentración en el cebo es suficientemente alta, pero lo habitual es que el animal tenga una agonía terrible de varios días u horas.

Juan Antonio Ruiz de Gopegui, de la Patrulla Oso Montaña Palentina, ante los restos del oso encontrado muerto el pasado mes de abril en Cervera de Pisuerga
Todos los indicios apuntan a que la presencia de veneno en la Cordillera Cantábrica se utiliza para combatir la presencia de lobos, aunque no cabe descartar que algún desequilibrado también lo esté utilizando. Es un problema real y muy grave en toda la Cordillera Cantábrica, y necesita una acción muy contundente de las autoridades, tanto de las que tienen que prevenir como de las que tienen que investigar las rutas de distribución y uso ilegal de éstos y otros productos tóxicos. Sería imprescindible que las Comunidades Autónomas aprobaran con la mayor rapidez posible sus estrategias para la lucha contra el veneno, y también sería deseable que se celebrara con la mayor brevedad un encuentro de ámbito cantábrico con la participación de administraciones, sindicatos agrarios, expertos y ONG conservacionistas, entre otros, para analizar y buscar las mejores fórmulas que permitan combatir uno de los graves problemas de conservación de la fauna en la Cordillera Cantábrica y en España.
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