
La atención de los equipos de campo de la FOP se centra en junio en la recogida de datos para los estudios de hábitat y en el seguimiento de las osas con crías. En julio todo se ralentiza y es mes vacacional; el calor y la mayor actividad humana en los montes oseros dificultan la observación de osos y es más difícil detectar sus indicios de presencia por la sequedad del terreno. Pero en estos meses no dejan de conseguirse avistamientos tan excepcionales como el de un oso cazando o el de un ejemplar transitando por el corredor interpoblacional.
Con el fin de localizar osas paridas, una mañana de finales de mayo madrugamos para estar en el monte cuando la luz lo hiciera visible. Además de Guillermo, el presidente de la Fundación, y Soraya, coordinadora de la Patrulla Oso Somiedo, nos acompañaba Juan López de Uralde, entoces director de Greenpeace España, de visita por la zona después de haber dado una interesante charla el día anterior en Pola de Somiedo.
En torno a las siete de la mañana vimos un ejemplar solitario deambulando por una zona muy rocosa y pendiente. Por su aspecto dedujimos que probablemente era una osa, y nos llamó la atención su actitud, más parecida a la de un depredador buscando su presa que al reposado caminar de un oso pastando o escarbando en busca de invertebrados. Pronto comprendimos el motivo.
José González, José Luis García y Laura García
A la media hora, al doblar un recodo, da con un grupo de rebecas, alguna de ellas con crías, iniciándose una corta persecución –primero corriendo, luego andando-. Una vez alejadas, el oso comienza a olfatear con insistencia en el entorno donde se encontraba la manada, hasta que al cabo de los pocos minutos vemos cómo repentinamente atrapa con la boca una cría de rebeco que, escondida entre el matorral, trataba de pasar desapercibida. El oso, claramente, estaba cazando.
José Luis García Lorenzo, Coordinador de Proyectos
Al llegar allí vimos las colmenas tiradas y algún indicio más ( huellas, excrementos, pelos y hormigueros destrozados). Nos preguntábamos si seguiría por los alrededores o habría saciado su hambre y estaría a kilómetros de allí. Nosotros confiábamos en que no estuviera lejos y lográramos verlo, así que a la mañana siguiente salimos temprano, antes de que amaneciera, para hacer una espera, colocándonos en un promontorio desde el que se controla una amplia vista. La noche era muy oscura y hasta las seis y cuarto de la mañana no se apreciaba nada. Sin perder de vista el colmenar, a medida que iba amaneciendo comenzamos a ver una colmena tirada: esa noche había vuelto a estar allí! Seguimos observando los alrededores hasta casi las nueve de la mañana, pero comenzaba a hacer bastante calor y las posibilidades de verlo eran escasas.
Una vez pudimos contactar con el dueño del colmenar, decidimos realizar otra tarea también importante en estos casos: colocar un pastor eléctrico alrededor del colmenar para evitar futuros daños. Ya con el pastor colocado volvimos esa tarde a hacer otra espera, y tampoco hubo suerte esta vez, pero no nos desanimamos y a la mañana siguiente lo volvimos a intentar. Comenzaba a amanecer y a diferencia del día anterior todo parecía sin cambios dentro del colmenar, por lo que el pastor eléctrico había cumplido con su labor preventiva. Eran las siete de la mañana y de repente apareció! Era un oso grande, de pelaje oscuro casi negro, que caminando por un crestón calizo se adentraba hacia el hayedo, donde era ya imposible verlo. Fue visto y no visto, apenas un minuto, pero lo suficiente para no olvidarlo. Ese día nos fuimos a casa con la gran satisfacción de haber visto nuestro primer oso en el corredor, aunque nos hubiera gustado haber disfrutado de él un poco más.
© Fundación Oso Pardo, 2008 Tel.: 34 942 23 49 00 / Fax: 34 942 23 50 48 e-mail: osopardo@grn.es