Indicios de presencia

- Guardas de la FOP midiendo huellas.
- Foto: J.M. Reyero
El oso es un animal tan escaso y esquivo que pocas veces se deja ver. Además suele frecuentar parajes abruptos y recónditos, por lo que no resulta fácil observarlo o tener un encuentro fortuito con él. Sin embargo, algunos de sus rastros se detectan con mayor facilidad, localizándose muchas veces en las mismas pistas y caminos que utiliza el hombre. Huellas, excrementos, arañazos y mordiscos sirven a los guardas y naturalistas de la FOP para detectar la presencia de la especie.
Huellas

- Planta del pie.
- Foto: FOP
Éstos son los rastros de presencia que resultan más fáciles de encontrar e identificar. El oso es plantígrado, y cuando camina sobre terreno embarrado o húmedo deja muy marcadas sus pisadas. La observación y la medición de las huellas localizadas en el monte permiten conocer algunos detalles importantes de la identidad de los osos que las han dejado y saber si se trata de ejemplares jóvenes, de machos adultos o de osas con crías, así como estimar la edad de estas últimas.

- Planta de la mano.
- Foto: FOP
El análisis minucioso de las huellas realizado por la guardería de la FOP aporta información de gran interés para la gestión de la especie.
Las huellas de las patas delanteras del oso son amplias, como corresponde a un animal plantígrado, y las traseras se parecen mucho a las de la pisada humana. La huella de la mano marca claramente la palma, los cinco dedos y las uñas, lo mismo que ocurre con el pie, que puede dejar, en condiciones favorables, la marca completa de la planta.

- Huellas delantera y trasera de oso marcadas sobre el barro.
- Foto: FOP
La anchura de las huellas se mide desde el centro de los dedos más extremos; y la longitud, desde el centro del dedo medio al talón, sin incluir las uñas. Las medidas varían, lógicamente, en función de la edad: una hembra adulta de tamaño medio puede marcar una huella con unas medidas promedio de 105 mm de anchura en la mano y 98 mm en el pie; un macho adulto puede marcar una huella de la mano de 120-130 mm de anchura, e incluso algunos ejemplares superan los 140 mm.
Excrementos

- Excremento de primavera con restos de hierba.
- Foto: FOP
La dieta del oso es esencialmente vegetariana y, dado que su aparato digestivo no está altamente especializado en este régimen alimentario, mucha de la materia vegetal que consume no queda completamente digerida, por lo que sus restos pueden apreciarse perfectamente en sus excrementos. Éstos son de gran tamaño y suelen tener un olor agradable, en contraste con los de otros carnívoros, lo que facilita su diferenciación, en la mayor parte de los casos, de los de cualquier otro animal de la montaña y el bosque cantábricos. La localización y el reconocimiento de estos indicios no sólo hacen posible certificar la presencia de la especie en una determinada zona, sino que además permiten al zoólogo conocer su alimentación y costumbres.

- Excremento de otoño-invierno con restos de bellotas y hayucos.
- Foto: FOP
El aspecto, la consistencia y el contenido de las deyecciones de los osos varían en función de la época del año y, por lo tanto, de la disponibilidad de las diferentes fuentes de alimento. En primavera predomina la tonalidad verdosa debido al consumo de hierba; en verano pueden adivinarse semillas y restos semidigeridos de arándanos, cerezas y otras bayas, mientras que en otoño e invierno son los restos de las cáscaras de frutos secos, como bellotas, hayucos y castañas, los que prevalecen. Pocos serán los alimentos cuyo consumo no quede denunciado por el análisis de los excrementos. Así, pueden aparecer trozos de panales de cera cuando han tomado miel, restos quitinosos de hormigas cuando han desenterrado hormigueros, o pelos cuando han ingerido presas vivas o carroñas.
En la práctica resulta difícil confundir los excrementos de los osos con los de cualquier otro animal. Sólo en algunos casos, cuando se han alimentado de ungulados silvestres o ganado, podrían semejarse a los de un cánido grande, como un perro o un lobo. En otras ocasiones, los excrementos del jabalí que no posean la consistencia habitual también podrían dar lugar a confusión.
Otros indicios

- Marcas de mordiscos de oso en un abedul.
- Foto: FOP
Arañazos y mordiscos quedan a veces marcados por este animal en las cortezas de los árboles, normalmente a una altura de entre un metro y metro y medio, e incluso superior, ya que el oso suele hacer estas marcas en posición erguida, al tiempo que se frota contra los árboles para dejar impregnado su olor. Estos marcajes sirven para comunicar la presencia del ejemplar que los produce a sus congéneres, y al parecer son realizados con mayor frecuencia por individuos adultos y particularmente por machos. Los mordiscos suelen ser delatados por las marcas de los cuatro colmillos, mientras que los arañazos se reconocen por la presencia de tres o cuatro rasguños paralelos en la corteza del árbol. Otros descortezamientos más aparatosos pueden ser provocados por la especie al desgajar tiras de corteza para chupar y alimentarse de la albura del árbol.
Los jabalíes también pueden dejar marcas de desgaste en los árboles al arrascarse o frotarse contra ellos, pero la menor altura de estas señales (siempre a menos de un metro de altura) y la presencia de pelos mucho más duros y ásperos descartan cualquier confusión.
Ramas tronchadas en las cañas altas de ciertos árboles, principalmente robles y cerezos, pueden denunciar también el paso de algún oso, que no duda en trepar a ellos para alimentarse de sus frutos antes de que caigan al suelo.

- Mechón de pelo de oso enganchado en un alambre de espino.
- Foto: FOP
Otro indicio menos llamativo, pero que también sirve para diagnosticar si un oso ha frecuentado una zona, es el hallazgo de sus sedosos y característicos pelos. Éstos suelen quedarse adheridos a los alambres de espino que cercan prados y maizales, a la vegetación de los encames o a los mismos árboles donde se producen los arañazos y mordiscos.
Las piedras volteadas y los hormigueros escarbados son otros de los rastros que pueden delatarnos la presencia del plantígrado. Pero hay que ser cuidadosos en el análisis, pues otros animales, como zorros, tejones y, especialmente, jabalíes, pueden voltear piedras cuando buscan tubérculos o insectos. No obstante, cuando la piedra es de gran tamaño, sólo el oso puede ser el responsable de la acción.
El hallazgo de carroñas parcialmente devoradas puede revelar el paso de muchos animales, incluido el oso. Éste suele enterrar parcialmente los restos con piornos, brezos y pasto, lo que facilita adivinar su presencia, aunque la manera más certera de confirmarla es encontrando sus huellas o excrementos, que casi siempre suelen aparecer en las cercanías del festín.
